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Sin quererlo, el post de hoy va todo sobre credibilidad…

Publicidad
Todo ‘el problema’ empezó cuando en los anuncios veíamos a médicos pero imaginábamos que eran actores así que no nos creíamos el mensaje. Contribuyeron a dar confianza a la información que saliesen presentadores o periodistas conocidos pero sabíamos que habían cobrado así que tampoco es que fuesen 100% confiables. Vino entonces la letra pequeña a intentar convencernos de que lo que cuenta la publicidad es verdad (aunque algunos la hicieron tan grande como su slogan para decirnos que era ‘verdad de la buena’) y salieron números de colegiados para los médicos y DNIs o cosas como ‘personas reales, no actores’ que recuerdan a aquella campaña a favor de la ‘belleza real’. Pero ‘el problema’ persiste: no me lo creo. ¿Alguien lo hace?

Televisión
‘El problema’ de la credibilidad televisiva empezó antes de la telerealidad pero por culpa o gracias a ella (según se mire) se ha hecho aún más evidente. Cada vez es más fácil tener cinco minutos de fama en la caja tonta porque cada vez hay más programas que buscan, igual que en publicidad ‘gente de la calle’. Programas que enseñan casas y barrios que no aparecen ni en los informativos y personas que intentan aprovechar su vete-a-saber-qué para participar en un concurso porque ya no basta con el bocata que ‘pagan’ por estar de público. Si tengo que elegir, prefiero una serie o una película que al menos ya sé desde el principio que lo que explican es ficción.

Internet
Se habla de influencia como una manera más de saber si las cosas se están haciendo bien o mal, por ejemplo, en medios sociales pero no siempre influencia es sinónimo de credibilidad. Se supone que necesitas lo segundo para conseguir lo primero, es decir, si posteas algo de una procedencia poco clara es probable que nadie se lo crea y, por tanto, que consigas influir a alguien con ello. En este sentido, añadir los enlaces a las fuentes consultadas ayuda a que algo parece más fiable y, por tanto, compartible. Hay quien se cree tan influyente que no necesita ya no enlazar, ni tan siquiera mencionar la fuente. No se dan cuenta que lo que hacen es perder credibilidad… y, a la larga, esa influencia de la que tanto alardean.

Cine
Hablar de credibilidad en el mundo del celuloide puede enfocarse, por ejemplo, considerando si los actores transmiten bien el personaje que interpretan o se limitan a recitar el guión o si los efectos especiales o la parte digital de la película parecen falsos. Nombres de actores o directores influyentes suelen ser, como hablando de medios, también sinónimos de credibilidad o de calidad en su trabajo. Por eso sus nombres llenan carteles con frases típicas tipo ‘de los creadores de…’, porque deben transmitirnos la confianza suficiente como para repetir la compra. También pasa con los críticos, si sus comentarios sobre una película que hemos visto se parecen a los nuestros también diremos que es creíble.

Actualización 9 de febrero: J hace un post sobre la fiabilidad de la publicidad que merece la pena leer.

Eva Sanagustín

Organizo, redacto y sugiero contenidos. Soy freelance, he publicado 16 libros y mantengo este blog desde 2004.

3 comentarios:

  1. Creo que a esta altura, la publicidad esta extremadamente manipulada, y ya se torna dañina para la sociedad…

  2. Gracias por la actualización de tu post.
    Comparto que la credibilidad de los mensajes es difícil de conseguir, y que cuanto más intentan hacernos ver que es verdad, más dudamos.

    El reto creativo es combinar realiismo con estética y emoción… que es lo que vende en muchos casos.

    Un saludo y gracias otra vez, un honor.
    J.

  3. Realismo, qué palabra tan complicada cuando salen cartelitos de ‘ficción publicitaria’ y coches volando jeje
    Pero te entiendo… yo también creo que es posible pero no por la vía de ponernos ‘gente real’.
    Gracias a ti por contribuir al debate!

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