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Cine
¡Qué decir de los Oscars de este año! De todas las galas de cine adaptadas a la situación actual, esta ha sido la peor. Fueron 3h diferentes a lo habitual (lógico) pero extrañas (esperaba más), con algunos nominados repartidos por el mundo (mejor que poner fotos) y sin la mayoría de fragmentos que suelen acompañar a los premios (algo extraño). Fue todo muy estático, (casi) nadie se emocionó demasiado por ganar, quizá porque no estaban en zapatillas en su casa como en el resto de premios. Destacaría los retazos de historias personales que contaban, pero se hacía eterno. ¡Y el final, vaya final! Uno de los pocos que nos representaba por estar durmiendo al otro lado del charco, va y gana. Ah, sí, los premios fueron más o menos los esperados.

Televisión
Elegir qué ver es cada vez más difícil. Sí, hay mucha oferta, pero no toda interesa. Los algoritmos de recomendación no acaban de acertar y el buscador no filtra como es debido. No queda otra que leer la sinopsis y creértela a pies juntillas. Se acaba confiando en quien la escribió, pero algunas parece que sean de otra película/serie y otras es tan descriptiva que lo cuenta todo y ya no quedan motivos para verla. Claro que la tendencia es a poner alguna coletilla para venderla mejor (premios, comparaciones). Sería más fácil poner la valoración de IMDb, como hace Amazon Prime Video, y así te evitas leer nada porque ya el número te da la pista de si merece la pena o no el rato que dedicas a verla (y elegirla).

Publicidad
Se puede ir rápido y reaccionar la actualidad para sacar una campaña (newsjacking), como ha hecho Heineken con acierto. O se puede mirar la vista atrás y añadir product placement a una película clásica. Ambas son opciones que se complementan con cualquier acción prevista y sirven para demostrar que la chispa de la publicidad se puede encontrar en todas partes, si sabes mirar. La cuestión sería si los usuarios miran, es decir, prestan atención a este tipo de acciones como algo diferente, innovador y llamativo o les da exactamente igual porque les sigue distrayendo de lo que estaban haciendo. En el mundillo se aplauden, pero ¿y quiénes tienen que valorar su eficacia?

Internet
Dos artículos relacionados. 1/ «Internet, déjame olvidar» cuenta un par de historias que animan a reflexionar sobre el uso de la tecnología (redes, pero también webs y el propio móvil) y los datos que dejamos desperdigados allí por donde pasamos (fotos, registros, actualizaciones). Si lo lees como un recordatorio de la importancia de gestionar la privacidad, entenderás que lo relacione con el siguiente. 2/ Las redes van añadiendo poco a poco opciones para rentabilizar los contenidos que allí se comparten (más pasos para lo que viene a llamarse creator economy). La lista va creciendo y, de momento, solo se resiste LinkedIn. Por eso me pregunto si es compatible la privacidad con la creación de contenidos. ¿Se puede querer olvidar una pieza que no nos gusta?

Eva Sanagustín

Organizo, redacto y sugiero contenidos. Soy freelance, he publicado 16 libros y mantengo este blog desde 2004.

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