[CINE] Crítica de «Up» (3D)

Estás a punto de invertir 5 minutos en inspirarte para mejorar tus contenidos. ¡Gracias por dejarme ayudarte!

Hacía tiempo que no salía del cine con tan buen gusto de boca. Ha sido «Up» quién me lo ha dejado y si todavía no la has visto quizá no quieras leer más porque voy a contar detalles del argumento.

Mejor empezar por el corto que la precede, «Parcialmente nublado«. La idea de que los bebés ‘se hacen’ en la nubes es muy tierna, muy propia de un cuento infantil (aunque la energía del rayo sea un poco frankestiniana). También lo es la cigüeña que resiste como fiel cartero de ‘buenas nuevas’ y sigue repartiendo bebés ‘complicados’ aunque le cueste la salud. Por eso me ha sorprendido que sea una nube gris y apartada del resto quien los cree. En este ‘mundo de ilusión’, ¿los animalillos ‘peligrosos’ no deberían ser como el resto?

Sigamos en las nubes, pero volando en una casa: vamos con «Up«. Después de la experiencia de «Ice age 3» me daba cierto reparo ver otra peli de dibujos en pantalla grande pero, de nuevo, la idea de verla en 3D fue lo que me decidió. Esta vez tuve mejor suerte y pude disfrutar de mucha más tranquilidad, incluso camuflar mi risa con la de los niños. ¡Ardilla!

En cuanto al 3D, no es que sean efectos espectaculares (no es ese tipo de película), hay los justos para adentrarse mejor en la historia y verla más cercana. ¡Y por suerte, las gafas cada vez molestan menos! Eso sí, los 10€ de la entrada (+0,90€ de la comisión de ServiCaixa) sí que duelen.

Ver «Up» en VOS es incompatible con el 3D y estuve cerca de arrependirme durante el NODO inicial, con Matias Prats, y al oir al protagonista con la voz Luis Valera. Esperaba una voz menos televisiva, seguramente por el parecido de Carl y Walter Mattau y Spencer Tracy, pero poco a poco se va olvidando.

Los primeros minutos de la película son como otra historia dentro de «Up». Se trata de un prólogo que empieza con sonrisas de enamoradiza felicidad, sigue con la dura realidad del día a día y acaba con los sueños rotos y la tristeza de la soledad. Nos permite conocer por qué el protagonista es cómo es y por qué da valor a su casa y a algo tan pequeño para los demás como su buzón.

A partir de ahí, empieza otra película. Cuando el primer globo sale de la chimenea, las sábanas hacen de velas y la casa se despega del suelo, nos olvidamos de la edad del protagonista y vivimos las aventuras de alguien que no olvida una promesa y que usa su imaginación para conseguir sus sueños. Son dos buenos valores para transmitir, pero una de las dudas de la peli es: ¿por qué no se le ocurrió antes cuando aún vivía su mujer?

De todas maneras, el espíritu de Ellie siempre acompaña a Carl, empezando por sus dos butacas (lo único que no tira al azar, sino que deja bien puesto cuando necesita reizar la casa) y, claro está, la propia casa que acaba reposando en el lugar soñado por ambos. No es de extrañar por tanto que Carl siempre mire al cielo, donde la casa pasa la mayor parte de la película y la llame Ellie. Casa y esposa parecen ser una.

Pero dos simpáticos secundarios acompañarán también a Carl, los dos que se enconden debajo del porche pero acaban dentro de la casa como uno más de su vida. El pequeño excursionista y el fiel perro (seguro que los niños verán el suyo con otros ojos) son el habitual contrapunto que todo protagonista necesita para cambiar. En este caso, dejar de aferrarse al pasado, quizá a los sueños, y seguir cumpliendo promesas con los pies en el suelo.

Así, Carl abandona finalmente lo material para salvar al pequeño y su ‘mascota’ Kevin. Lo del «¿nos lo podemos quedar?» no acaba siendo nada fácil ya que se han de enfrentar al amo de un ejército de perros con dispositivos para hablar y GPS, que resulta ser el héroe de la infancia de Carl.

Después de ver como el anciano protagonista arrastra una casa durante varios días, no es de extrañar que el malo de la peli sea otro anciano de edad incierta (ya era joven cuando Carl era un niño). Y aunque los achaques de la vejez pasan factura en las peleas cuerpo a cuerpo, el resto de ocasiones están frescos como rosas.

Lógicamente, la película tiene un final feliz, con Carl ejerciendo de padre/abuelo y el joven e intrépido excursionista ganando su insignia de ayuda a los ancianos y la de Ellie también. El dirigible «Spirit of adventure» acaba siendo el nuevo hogar de Carl, quien se ha quedado sin casa y a quien la justicia ha olvidado.

En los títulos de crédito vemos cómo van llenando el álbum de Ellie con fotos y aventuras diarias juntos. Éste álbum está presente durante toda la película y lo hojeamos varias veces, aunque solo cuando es necesario descubrimos el contenido total. Y es que «las cosas que he hecho», lo importante de la vida y el otro gran mensaje de la película, son las del día a día y no hay que esperar a los sueños.

Eva Sanagustín

Redactora web freelance especializada en estrategia y marketing de contenidos. Escribiendo en blogs desde 2004.

2 comentarios:

  1. Pingback: Anónimo

  2. Pingback: Marcello Conta

No se admiten más comentarios