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Televisión
No te pagan por pasar la tarde hablando frente a un café, pero sí lo hacen si sales por la tele. Suena bien cobrar en unas horas lo mismo que un mileurista al mes, pero en realidad es mucho más porque, una vez entras en su espiral, no puedes salir… aunque no parece que quieran hacerlo, más bien al contrario. Programa tras programa, el canal les saca rendimiento convirtiéndolos en «noticia». Es fácil y rentable, al menos para ellos. Se me ocurre compararlos con esa frasecilla de «no pagamos, pero te damos visibilidad». Quizá los tertulianos puedan ganar reputación, pero difícilmente les servirá para salir de su canal y explorar nuevas oportunidades.

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En verano es inevitable hablar de Estrella Damm. Este año ha estrenado un Acto III titulado «Compromiso», más danzarín que los de 2019, pero con el mismo espíritu. Tira la pelota en nuestro tejado para que nos unamos y hagamos algo juntos, aunque es de esperar que haya un IV que lo redondee ya que el año pasado nos presentaron el I y el II. Por un lado, tiene sentido porque seguramente lo tenían ya pensado; por el otro, me sorprende que no hayan hecho como otras marcas y buscado la forma de volver a la normalidad. Supongo que será porque sus fiestas cerveceras son ya de otra época y no encajan en lo que recomiendan las autoridades sanitarias. Además, ¿hay algo más normal que tratar 2020 como el que sigue a 2019?

Cine
El verano propicia la aparición de salas de cine diferentes. Se supone que sentados en una manta/hamaca al fresco de la noche se está mejor que en la habitual butaca con aire acondicionado, supongo que por eso lo organizan cada año. El motivo de París es inaugurar la temporada veraniega: algunos afortunados podrán ver la peli en una barquita en el Sena, el resto en las tumbonas más tradicionales. No hay duda de que se respetará la distancia física, aunque me imagino que el vaivén puede llegar a ser algo incómodo. Por cierto, si hace poco me alegraba de una apertura, hoy ocurre todo lo contrario: los Méliès cierran.

Internet
Ayer me llevé la sorpresa de que Twitter me prohibiese el acceso a mi cuenta, decía, por tener dudas de si soy un bot o no. No hay más que comparar mi cuenta con las de algunos definidos como bots para tener claro que no lo soy. Entonces, ¿en qué se debió fijar? Por un lado, he hecho todo lo posible para evitar los tuits automáticos. Pero, por el otro, reconozco que muchos de mis tuits están programados o son retuits. ¿Quizá no le gusta eso? Viendo la de cuentas que son claramente denunciables, me sorprende que me haya tocado el algoritmo automático (me niego a creer que alguien haya reportado mi cuenta). Está claro que le queda mucho por aprender.

Eva Sanagustín

Redactora de contenidos freelance, también hago planes de marketing de contenidos. Escribiendo en blogs desde 2004. "Pilares del contenido" es mi último libro, ¿quieres leer las primeras páginas en Amazon?

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