[Contenidos] Casar palabras, ¡qué gran oficio!

Me dedico a casar palabras aunque suele ser más fácil de entender algo como ‘juntar palabras’. Dicho así, sirve tanto para contextos profesionales en lo que tengo que explicar que redacto contenidos para empresas como en otros en los que simplemente digo que escribo. Vale, todo el mundo sabe ‘juntar palabras’… pero no todos disfrutan del encargo. Tiene su dificultad lograr las palabras adecuadas para que cumplan su cometido y transmitan algo a quien lo lee. Hay quien tira de exclamaciones para demostrar entusiasmo, de mayúsculas para poner énfasis o de colorines para hacerlas, supondrán, más bonitas. Simples adornos: nada de eso es necesario si se ha elegido la palabra correcta.

Desde pequeños lo intentamos: no solo para reclamar la atención de los que están a nuestro alrededor cuando aún solo balbuceamos, también para conseguir algo cuando ya controlamos algunas palabras clave en nuestro día a día. Pedir las cosas por favor y dar las gracias si lo conseguimos, nos lo enseñan un poco más tarde (aunque algunos lo olviden con el tiempo). Y sí, aunque algo sea gratis también se puede pedir y agradecer (algo que otros también olvidan).

Pero, más allá de la educación en la redacción, cuando se trabaja ‘juntando palabras’, es obligado elegirlas bien. Para algunos, esto es una cuestión de SEO: hay que poner las que me pueden ayudar a posicionarme en Google. Es un factor, sí (y muy importante en algunos sectores). Pero yo prefiero elegir las palabras para posicionar marcas y no webs. Es un matiz que define mi forma de trabajar: primero los mensajes, después los canales y luego la optimización. Así lo explico a mis alumnos y en mis libros.

A la hora de elegir las palabras, también hay que tener en cuenta la terminología propia de cada sector. Son las palabras más difíciles de combinar porque, lo confieso, alguna vez me ha pasado que nunca antes las había oído. El trabajo de documentación previa para ser capaz de usar ciertas palabras sin decir barbaridades y que alguien huya asustado es algo que el cliente no paga y una inversión que no se recupera si nos despiden en poco tiempo, pero que debe hacerse con cada cliente nuevo. Para algo tan básico tipo referirse como ‘huéspedes’ a los clientes de un hotel, pero también para comprender siglas, neologismos o el argot que no viene en diccionarios.

Otro aspecto interesante cuando nos ponemos a combinar palabras son las repeticiones. Sí, es una forma de vender pero yo prefiero valerme de los sinónimos y de todo el campo semántico porque entre ambos crean un ambiente más acogedor para transmitir ideas… repetirse es más aburrido, tanto para el redactor como para el lector.  Hace falta algo más romántico (creativo, dirían algunos) aunque también es cierto que algunas pierden el significado cuando todo el mundo las repite.

Acabo volviendo a lo de ‘juntar palabras’ porque podría decirse que este oficio tiene algo de casamentera. De cara a la galería: elegimos las que se entienden más fácilmente, las que explican más con menos y las que definen mejor lo que queremos transmitir. Pero, dicho de otra forma: buscamos las palabras que casan mejor entre ellas y que sirvan para atraer y cautivar al lector. Es más que unir o combinar: las palabras ponen los cimientos para crear una relación a largo plazo entre las marcas y sus clientes.


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